Desmontando mitos sobre la economía
La Economía reimaginada: Justicia y Sostenibilidad
La economía impacta la vida cotidiana en aspectos como la distribución de recursos y el bienestar social. Pero la percepción de la economía como ciencia objetiva es cuestionada por sus simplificaciones y muchas veces carece de contextualización social. A la vez, la carencia de educación económica perpetúa la distancia entre el público y la comprensión real de la economía. Hace falta una educación económica transformadora y una revisión crítica de los modelos económicos actuales.
La economía, a menudo es percibida como una materia árida y técnica, que surge ante nosotros como un “Sudoku”. A primera vista parece alejarse de nuestra realidad cotidiana, pero bajo esta apariencia emerge una disciplina que va mucho más allá de balances y “PIBs”. Es fundamental entender que la economía es en realidad una cuestión política que atraviesa todos los aspectos de nuestra vida, influyendo en nuestra organización social, en la distribución de los recursos, y en definitiva, en el bienestar de la sociedad en conjunto.
Es en este contexto que nos proponemos desmontar algunos mitos en torno a la economía, y este cambio de perspectiva nos llevará a ver como las decisiones económicas configuran nuestra vida, desde los servicios públicos hasta la esperanza de vida de la población de un territorio.
La economía como disciplina científica
A pesar de la percepción generalizada que la economía es una disciplina científica objetiva, el examen crítico revela sus limitaciones intrínsecas y su tendencia a simplificar la complejidad de la realidad social. Es esencial abordar la naturaleza de la economía como ciencia con un ojo escéptico, puesto que esta disciplina no solo influye en la política y la sociedad, sino que también es susceptible a prejuicios y simplificaciones que pueden tener repercusiones significativas.
En primer lugar, la crítica a la economía como disciplina científica se centra en su tendencia a utilizar modelos simplificados que no capturan la complejidad de la realidad. Muchas veces, las teorías económicas se basan en supuestos irreales, como por ejemplo la competencia perfecta o la racionalidad total de los actores económicos. Estas simplificaciones, si bien pueden ser útiles para la conceptualización, a menudo ignoran las dinámicas reales que definen la vida económica.
Otra crítica importante recae en la falta de incorporación de factores sociales e históricos en las teorías económicas. La economía, muchas veces, trata de operar como si las interacciones humanas estuvieran desconectadas del contexto social, cultural e histórico. Esta carencia de contextualización puede conducir a políticas económicas inadecuadas y a una comprensión superficial de los verdaderos desafíos que enfrenta una sociedad.
La percepción de la economía como una disciplina neutra, aunque es la visión más generalizada por el público general (no experto), también es objeto de crítica. Las ideologías y las creencias de los economistas influyen en sus teorías y recomendaciones políticas, por lo que su aplicación puede variar significativamente según la perspectiva ideológica de los expertos.
Además, la crítica a la carencia de diversidad en la disciplina también es relevante. Tradicionalmente dominada por voces masculinas y occidentales, la economía ha tenido tendencia a pasar por alto las perspectivas y las experiencias diversas que definen las realidades económicas. Esta carencia de diversidad puede conducir a la ignorancia de cuestiones críticas como las desigualdades de género y las disparidades económicas entre las diferentes comunidades.
La crítica a la economía como disciplina científica es un llamamiento a una reflexión más profunda sobre sus limitaciones y la necesidad de abordar las complejidades reales de la vida económica y social. Una aproximación más humilde y contextualizada, que incorpore varias perspectivas y reconozca su influencia política, puede contribuir a una economía más justa y sostenible que no solo busque la eficiencia, sino también la equidad y el bienestar colectivo.
Carencia de educación económica: una barrera para comprender la economía como una disciplina política
La carencia de educación económica emerge como una barrera significativa que impide al público general abordar con una perspectiva crítica la economía y las políticas económicas. Este vacío educativo no solo fomenta una percepción superficial de la economía, sino que también dificulta la comprensión de su relación con la política y la vida cotidiana.
Esta falta de accesibilidad a esta formación, contribuye a la perpetuación de un mito que la economía es demasiado difícil de comprender para la mayoría de las personas. Esto genera una actitud de distancia y desinterés hacia esta disciplina, dejando el campo libre para interpretaciones simplificadas o dogmáticas que pueden ser manipuladas por intereses particulares. La falta de comprensión puede hacer que las personas sean más susceptibles a aceptar explicaciones simplistas o ideologías que no reflejen la complejidad de las cuestiones económicas. Este hecho, puede dar como resultado una falta de participación informada en los debates públicos sobre políticas económicas, puesto que el público puede sentirse desconectado y desmoralizado ante la complejidad aparente de la materia.
Para superar esta barrera, es esencial promover una educación económica que sea accesible, relevante y centrada en las relaciones entre la economía, la política y la vida diaria. Es necesario fomentar la comprensión de los principales conceptos económicos, así como fomentar la capacidad de las personas para aplicar este conocimiento a las cuestiones políticas y sociales. Una población muy informada sobre economía será más capaz de desarrollar visiones críticas y participar activamente en la configuración de políticas que afectan directamente su vida y bienestar. La lucha contra la carencia de educación económica es fundamental para construir una sociedad en que la ciudadanía sea capaz de participar de manera significativa en las decisiones que determinan su futuro económico y social.
Tal como apuntaba el economista y activista Arcadi Oliveres, las asignaturas que se imparten sobre economía en el sistema educativo, dan una visión sesgada de la materia, que tiende a explicar cuál es el modelo económico entendido como “bueno”, un modelo que promueve los intereses privados de los más ricos y no de la mayoría de la población. Dejando de lado, una educación económica y financiera crítica y transformadora.
Los conceptos que se trabajan en las aulas refuerzan el capitalismo, la especulación y el funcionamiento de la banca tradicional, los elementos estrella que provocan que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres. Por lo tanto, dejan de lado los intereses colectivos y, de nuevo, ponen el beneficio individual en el centro. Y en esta breve explicación estaría resumido el título de este artículo, ‘Porque no quieren que entiendas de economía’.
La economía como cuestión política
Introduciéndonos en las profundidades de la relación entre economía y política, emerge la comprensión que la economía no es simplemente un conjunto de ecuaciones y teorías abstractas, sino un elemento intrínsecamente político que configura las dinámicas sociales y las relaciones de poder.
Las políticas económicas no son solo estrategias para gestionar los recursos financieros, sino herramientas para establecer el carácter y la dirección de nuestra comunidad. Las políticas de gasto público, los impuestos y las regulaciones financieras tienen un impacto directo en la manera como vivimos, trabajamos e interactuamos. Es aquí donde se revela la trascendencia de la economía como fuerza política, puesto que estas decisiones determinan quién gana y quienes pierde en la distribución de la riqueza y los beneficios sociales.
Esta relación intrínseca entre economía y política también se manifiesta en las cuestiones de desigualdad y justicia social. Las decisiones económicas pueden reforzar o desafiar las estructuras de poder existentes, influenciando directamente los niveles de igualdad o desigualdad dentro de una sociedad. La ausencia de regulaciones adecuadas puede conducir a una acumulación desmesurada de riqueza por parte de unos pocos, mientras que muchos luchan para acceder a las oportunidades básicas.
A veces nos puede parecer un elemento lejano y que no está relacionado, pero no puede ser casualidad que los lugares con más renta tengan una esperanza de vida superior. No solo entre países, con cambios culturales y grandes distancias, sino que sucede también entre barrios. Por lo tanto, tenemos que asumir la capacidad que la economía tiene al incidir en la calidad de vida de la población más allá del que normalmente imaginamos.
La ausencia de financiación adecuada en servicios públicos como la educación y la sanidad, o la corrupción política y empresarial, puede traducirse directamente en una disminución del acceso a los servicios esenciales, y en última instancia, en una afectación directa de la vida y la salud de la población.
Hacia una economía más ética: teoría y praxis de la política transformadora
Ante los retos planteados por una economía que a menudo se desvincula de las necesidades humanas y sociales, la búsqueda de alternativas más éticas y justas emerge como una necesidad imperante. Explorar vías políticas transformadoras es fundamental para imaginar y construir una economía que ponga el bienestar de las personas y la sostenibilidad en el centro de sus prioridades.
Desde el punto de vista de la participación ciudadana y otras formas de hacer empresa, una dirección prometedora es la economía social, que pone el énfasis en la responsabilidad social y la cooperación frente a la competencia desenfrenada. A través de modelos cooperativos, empresas sociales y otras formas de propiedad colectiva, esta visión busca reconciliar los objetivos económicos con la justicia social. Este modelo tiene la conciencia de estar estableciendo un oasis dentro de un modelo capitalista.
Un ejemplo de movimiento colectivo dentro de la Economía Social y Solidaria, lo encontramos en época de pandemia cuando las entidades de la economía social y solidaria, deciden firmar el pacto por una economía por la vida, haciendo crítica y mostrando la fragilidad del modelo global actual que prioriza la acumulación privada de riqueza por encima de la vida humana y del planeta. Este pacto apuesta por la democracia económica, la salud colectiva y la transición ecosocial.
Desde el punto de vista de los estados, las teorías transformadoras abordan los desafíos actuales mediante políticas expansivas del estado. Estos enfoques prevén intervenciones estatales significativas para mitigar las desigualdades, garantizar los servicios públicos, y crear una red de servicios sociales que proteja en toda la población. Ahora mismo, el ciclo político nos lleva a una posición más defensiva (luchar para defender el que ya tenemos), que ofensiva (abrir nuevos horizontes de derechos, intervencionismo y nacionalización de servicios).
En este sentido, la propuesta de la Renta Básica Universal (RBU) destaca como una medida que podría proporcionar un fondo económico mínimo a todo el mundo, independientemente de su situación laboral. Esta idea, abrazada por filósofos como Andrew Yang, busca no solo reducir la pobreza, sino también proporcionar una plataforma para una vida digna. En Cataluña tenemos grandes referentes como Daniel Raventós y Jordi Arcarons, y a nivel del estado uno de los portavoces más conocidos en defensa de este modelo es Julen Bollain, con quién conversamos hace unos meses aquí.
Por otro lado, como una teoría política global, podemos encontrar la Economía del Bien Común, impulsada por el economista Christian Felber, que busca redefinir los objetivos de la economía para centrarse en valores comunes como la sostenibilidad, la solidaridad y la justicia social. Este enfoque propone indicadores alternativos del éxito económico que van más allá del simple crecimiento del PIB. Por otro lado, podemos encontrar también el movimiento del decrecimiento, que argumenta que la obsesión con el crecimiento económico infinito no es sostenible y propugna una reducción controlada de la actividad económica para conseguir una sociedad más justa y ecológicamente viable.
Algunas de las propuestas prácticas de la economía del bien común son, la reducción de jornada laboral, la reducción de la huella ecológica en un multinivel, reducir las diferencias entre ingresos y patrimonio, entre otros.
Otras teorías económicas se centran sobre todo en algunos aspectos concretos de desigualdad, como puede ser la economía feminista que se plantea como un pensamiento rupturista, apostando porque la economía se piense y realice para las personas, sustituyendo la lógica capitalista por la lógica de la vida. Por eso, en la economía feminista se destaca la exigencia de reorganizar el tiempo, reconociendo el trabajo no remunerado, las desigualdades de género y la necesidad de redefinir las relaciones económicas basadas en valores de igualdad e inclusión o laeconomía circular, proponiendo una nueva estructura de consumo y producción y un cambio de valor.
Pero la posibilidad de implementación práctica de políticas económicas transformadoras pasa por un incremento de la participación activa de la sociedad civil, una transparencia radical y un compromiso con la justicia social. A través de la combinación de estas teorías, políticas transformadoras y filosofías vigentes, es posible imaginar una economía que priorice la justicia, la sostenibilidad y el bienestar colectivo por encima de los intereses individuales. Esta transformación no solo requiere un cambio en las políticas económicas, sino también una revisión profunda de nuestras prioridades y valores como sociedad.
Con todo esto, podemos entrever un rayo de luz, visibilizar y poner en valor todos los adelantos que se han conseguido a lo largo de los años.
Un cambio hacia una economía más ética y sostenible es posible con la suma de esfuerzos colectivos, trabajando de manera transversal mediante políticas transformadoras. Poner la educación y el debate sobre alternativas económicas como orden del día prioritario, para promover esta transformación y abrir camino hacia un futuro donde la justicia social y la sostenibilidad sean los pilares de la economía.
Es esencial, pues, que abandonemos la percepción de la economía como una disciplina aislada. Esta comprensión nos tiene que permitir, capacitarnos, gobernarnos mejor, exigir más y mejor transparencia y responsabilidad, y tomar decisiones conscientes que permitan mejorar la realidad material de nuestras sociedades. En la lucha por el bienestar colectivo, necesitamos la conciencia que tenemos cosas a decir, y el campo de la economía necesita personas formadas, interesadas y activas que promuevan nuevas maneras de hacer.

