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LAS DOS VELOCIDADES DE La ECONOMÍA DE LAS PERSONAS: UNA REFLEXIÓN INSPIRADA EN EL TETRIS
El Tetris, uno de los juegos más icónicos de la historia de los videojuegos, puede ofrecer una perspectiva interesante sobre las dos velocidades de la economía de las personas. Esta metáfora toma forma cuando se compara el ritmo del juego con las experiencias económicas de los individuos, especialmente en el marco del sistema capitalista.

Las dos velocidades de la economía de las personas

¿CONOCES EL JUEGO DEL TETRIS?

El Tetris es un videojuego de tipo rompecabezas. Fue inventado por el ingeniero informático ruso Aleksei Pàjitnov en 1984, mientras trabajaba a la Academia de Ciencias de Moscú.

El objetivo es hacer caer piezas e ir rellenando vacíos para conseguir hacer líneas. Una vez creadas, desaparecen. A medida que el tiempo pasa, el juego se acelera y cada vez tienes menos tiempo para tomar las decisiones que te llevarán a mantener el tablero sin piezas.

Te dejamos un enlace por si quieres jugar después de leer el artículo o justo antes de hacerlo, para familiarizarte con la metáfora.

El Tetris, uno de los juegos más icónicos de la historia de los videojuegos, puede ofrecer una perspectiva interesante sobre las dos velocidades de la economía de las personas. Esta metáfora toma forma cuando se compara el ritmo del juego con las experiencias económicas de los individuos, especialmente en el marco del sistema capitalista. A través de esta analogía, podemos explorar las diferencias fundamentales entre las oportunidades y los desafíos que enfrentan las personas con recursos versus aquellas que luchan contra la pobreza.

En el Tetris, los primeros niveles presentan una progresión tranquila, con piezas que caen lentamente. Esta etapa inicial simboliza la experiencia de las personas con recursos económicos, aquellas que tienen la suerte de nacer en familias con acceso a educación de calidad, apoyo financiero y otras ventajas. Esta lentitud en las piezas que caen da a los jugadores más tiempo para tomar decisiones, experimentar con diferentes configuraciones y, crucialmente, aprender de los errores. Esta es una imagen de la lentitud que ofrece la riqueza: la capacidad de explorar opciones, fracasar y aprender sin las consecuencias devastadoras que podrían afrontar aquellas otras en situación de precariedad económica.

En contraste, cuando el juego se acelera, representa de manera viva la realidad de quienes nacen en familias menos privilegiadas. Las piezas caen rápidamente, dejando poco tiempo para la reflexión. Esta velocidad simboliza la rapidez con que las personas tienen que tomar decisiones en entornos económicos desfavorables, donde el error puede tener consecuencias significativas. Esta es la realidad de los individuos que tienen que luchar contra la pobreza, donde las oportunidades se presentan y desaparecen con rapidez, dejando poco margen por la planificación a largo plazo y el aprendizaje de las propias equivocaciones.

Esta dualidad entre las dos velocidades de la economía pone de manifiesto las desigualdades inherentes al sistema capitalista. Contrariamente a la noción de meritocracia, donde el éxito supuestamente se basa en el talento y el esfuerzo, la realidad es que las circunstancias iniciales tienen un impacto significativo en el curso de la vida de una persona. La lentitud o rapidez con que las piezas caen en el Tetris se convierte en una metáfora de las ventajas o desventajas que se derivan de la clase social, el acceso a la educación y otros factores estructurales.

Así, la lentitud inicial del Tetris representa la suerte de contar con el tiempo y oportunidades que tienen los individuos con recursos económicos, mientras que la rapidez que llega más adelante simboliza la prisa y la carencia de espacio para errar que experimentan los menos afortunados. Esta dinámica pone de manifiesto la falacia de la meritocracia, puesto que no todo el mundo empieza el juego con las mismas oportunidades, y muchos se ven obligados a luchar contra una aceleración constante para mantenerse en la superficie en la carrera económica.

La metáfora de las dos velocidades de la economía, no solo destaca las desigualdades individuales, sino que también redondea el terreno para profundizar en la comprensión de los procesos de emprendimiento y la dinamización y desarrollo de los territorios. Estos dos ámbitos se ven marcados de manera significativa por las circunstancias iniciales y las oportunidades disponibles, afectando tanto los individuos como las comunidades en su conjunto.

¿Qué pasa cuando disponemos de abundancia de recursos? Primeros niveles del Tetris

Cuando el proyecto emprendedor se encuentra en el nivel 1 del Tetris (abundancia de recursos y tiempos), nos encontraremos que hay espacio para la innovación.

En entornos económicos donde las piezas caen lentamente, los emprendedores tienen más espacio para experimentar e innovar. Hay una relativa abundancia de recursos y menos presión para obtener resultados inmediatos. Esto favorece la creación de empresas que se basan en la investigación, la creatividad y la resolución de problemas complejos.

En el nivel 2, se da la posibilidad de generar un aprendizaje mediante el error (algo que habréis escuchado en multitud de charlas inspiracionales, como el único camino por el éxito). La lentitud de la caída de las piezas también permite a las emprendedoras cometer errores sin consecuencias catastróficas. Es cierto que aprender de las equivocaciones es una parte fundamental de cualquier proceso de aprendizaje (también del empresarial), y la capacidad de hacerlo sin poner en peligro la subsistencia conduce a un crecimiento más saludable y sostenible.

En el nivel 3, con mucha calma, pueden desarrollar relaciones de interés. Con más tiempo disponible, las emprendedoras pueden establecer relaciones más fuertes con otras empresas, clientes/as y colaboradores/as. Estas conexiones pueden ser cruciales para el crecimiento a largo plazo y la sostenibilidad de los negocios.

¿Qué pasa cuando no disponemos de abundancia de recursos? Últimos niveles del Tetris

En el nivel 12, cuando las piezas caen a toda velocidad, nos encontramos buscando la pieza en forma de “palo” que nos permita respirar unos según más, para seguirlo intentando. Es decir, la presión para obtener resultados inmediatos nos persigue. A diferencia de los entornos más acomodados económicamente, los emprendedores en situaciones de escasez de recursos (tiempos, dinero, activos…) están sometidos a una presión significativa para obtener resultados rápidos. Esto puede conducir a decisiones impulsivas y a la búsqueda de soluciones inmediatas, en detrimento de la planificación estratégica a largo plazo.

En el nivel 15, nos encontramos que la innovación está únicamente impulsada por la necesidad. A pesar de que la rapidez puede generar una respuesta inmediata a las necesidades del mercado, también puede limitar la capacidad de emprendedoras para la innovación a largo plazo. La prioridad puede ser sobrevivir a día de hoy, dejando poco espacio para la visión futura. Tanto es así, que nos encontramos metiendo aquella pieza que tiene forma de “T” en un agujero donde tendría que ir un cuadrado.

En el nivel 18, los riesgos cada vez son mayores. En un entorno acelerado, los riesgos se multiplican, puesto que no hay margen para el error. Esto puede conducir a intentar evitar los riesgos más importantes y no fijarnos en todos aquellos otros que lo rodean. Además, tomarán decisiones más conservadoras que no siempre son las más beneficiosas para el crecimiento sostenible.

En cuanto al desarrollo de los territorios, esta dualidad se manifiesta en la variabilidad de los entornos empresariales. Las áreas con recursos económicos más abundantes pueden disfrutar de una escena comercial, industrial y de servicios más rica y diversa, con empresas que prosperan gracias a la capacidad de innovar y afrontar riesgos. Por el contrario, las comunidades con menos recursos se encuentran en una situación más precaria, con menos oportunidades para el crecimiento y la diversificación económica.

Las dos velocidades de la economía no solo impactan en las oportunidades individuales, sino que también dejan su impronta en los procesos de emprendimiento y en la vitalidad de los territorios. Para abordar estas cuestiones, es crucial adoptar políticas que promuevan la igualdad de oportunidades y faciliten un entorno propicio para la innovación y el desarrollo social, ambiental, cultural y económico, independientemente de la velocidad con que caigan las «piezas» económicas.

La metáfora del Tetris nos invita a reflexionar sobre las dos velocidades de la economía de las personas y como estas afectan sus vidas. Enfrentarse a las desigualdades estructurales es esencial para construir una sociedad más justa, donde todo el mundo tenga la oportunidad de tomar decisiones con la lentitud reflexiva que ofrece la prosperidad, y nadie tenga que luchar contra una aceleración implacable para conseguir el éxito económico.

Si queréis seguir reflexionando sobre el tema, os dejamos una interesante charla del historiador Rutger Bregman: