El reglamento de Régimen interno

¿POR QUÉ UNA COOPERATIVA NECESITA PONER POR ESCRITO CÓMO FUNCIONA?

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Más allá de los estatutos

Los estatutos sociales definen lo que es una cooperativa: el objeto social, los órganos de gobierno y el capital. Sin embargo, rara vez explican cómo se organiza el trabajo en el día a día. Este espacio lo ocupa el reglamento de régimen interno (RRI), el documento que despliega y concreta los estatutos para adaptarlos a la realidad de cada entidad.

El RRI no sustituye a la ley, los estatutos ni los convenios colectivos, que siempre prevalecen. Su función es recoger los acuerdos propios de la cooperativa y convertirlos en un marco conocido y compartido por todos.

Cinco motivos para tener uno

  1. Hace explícito lo implícito. Muchas cooperativas funcionan con acuerdos orales y costumbres compartidas (lo conocido “siempre se ha hecho así”). Ponerlos por escrito permite que todos conozcan las reglas del juego, incluidas las personas que se incorporan de nuevo. Así, su funcionamiento no depende de la memoria ni de la buena voluntad individual.
  2. Ordena quién decide qué. Cuando todo pasa por la asamblea, ésta puede saturarse de decisiones operativas y perder capacidad para centrarse en lo estratégico. El RRI permite diferenciar el ámbito societario del operativo, y establecer qué decisiones corresponden a la asamblea, cuáles se delegan en el consejo rector y cuáles resuelven las áreas con autonomía.
  3. Garantiza la equidad entre vínculos distintos. En una misma cooperativa pueden convivir socios y socias, asalariadas y en período de prueba, o incluso convenios colectivos diferentes según la actividad. El RRI aclara qué derechos y deberes son comunes y cuáles son propios de cada vínculo. También establece itinerarios para convertirse en socia y ayuda a prevenir agravios comparativos.
  4. Da seguridad frente a los conflictos. Para los socios y socias trabajadoras, la relación con la cooperativa es societaria y no laboral. Por eso, cuestiones como la jornada, las vacaciones, los permisos o el régimen disciplinario deben regularse en los documentos internos. Acordar procedimientos de mediación y sanción en un momento de calma es mucho más justo que improvisarlos en medio de un conflicto.
  5. Convierte los valores en práctica. Una cooperativa que se define como feminista, sostenible o arraigada en el territorio necesita traducir estos principios en criterios concretos: cómo se concilia, cómo se reparten los cuidados, qué política retributiva se aplica o con quién se intercoopera. El RRI es donde se hace visible la coherencia entre el discurso y la práctica diaria.

Entre la informalidad y el documento en el cajón

A pesar de su importancia, es frecuente que las cooperativas no tengan ninguna o que lo tengan desactualizado. Suelen aparecer dos situaciones habituales.

Por un lado, existen entidades que confían excesivamente en la informalidad. Mientras el equipo es pequeño y estable, este modelo funciona; pero cuando la cooperativa crece, se incorporan nuevas personas o cambia la actividad, la falta de criterios escritos se hace evidente, a menudo en el peor momento.

Por otra parte, puede ocurrir lo contrario: abordar el RRI como un puro trámite, elaborado a partir de una plantilla genérica que lo regula todo, pero que nadie siente suya. El resultado es un documento que cumple sobre el papel, pero que no responde a la realidad del equipo y termina olvidado en un cajón.

Un reglamento construido por el equipo

Desde FACTO entendemos que el valor del RRI recae tanto en el documento como en el propio proceso de elaborarlo. Por eso apostamos por un proceso participativo, con sesiones y dinámicas donde todo el equipo, personas socias y trabajadoras, pone sobre la mesa sus expectativas, dudas y desacuerdos. A menudo, este proceso hace aflorar cuestiones que nunca se habían planteado formalmente y que es necesario abordar colectivamente antes de que se conviertan en un conflicto.

Esto implica combinar la facilitación con el asesoramiento jurídico para garantizar que los acuerdos sean legalmente viables, dejando claro lo acordado y lo que queda pendiente. Asimismo, es necesario prever su revisión periódica, ya que una cooperativa evoluciona y su reglamento debe poder cambiar con ella.

En definitiva, se trata de hacer del RRI una herramienta viva al servicio de la democracia interna, la equidad y la corresponsabilidad: un reglamento que traduzca los valores de la cooperativa en criterios concretos y ayude a poner a las personas en el centro, también en la organización del trabajo.