Más allá del 8M


hacemos de la reivindicación nuestra práctica diaria

La primera semilla del 8 de marzo se plantó cuando miles de mujeres trabajadoras salieron a las calles de Nueva York para exigir una cosa que hoy nos parece básica, pero que todavía tenemos que proteger: condiciones de trabajo dignos y espacios seguros. Aquellas pioneras no solo preguntaban mejores salarios; reclamaban el derecho a no poner en riesgo su integridad por el hecho de ser mujeres.

A Facto, somos más del 65% de mujeres, recojememos este testimonio histórico. Sabemos que la mejor manera de honrar aquella primera reivindicación no es solo con palabras sino con estructuras que nos cuiden de verdad.

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Un protocolo que nace de la conciencia colectiva

Al igual que aquellas obreras que se organizaron para decir «suficientemente» a la precariedad y al peligro, en nuestra cooperativa hemos cerrado un proceso de formación y sensibilización para crear nuestro Protocolo contra el acoso .

Ésta no ha sido una tarea burocrática. Ha sido un ejercicio de corresponsabilidad donde todas las personas trabajadoras y socios se han implicado para definir cómo queremos que sea nuestro día a día. En pleno siglo XXI, garantizar un espacio libre de violencias machistas sigue siendo nuestra prioridad absoluta.

 

1. Un espacio seguro construido entre todas y todos

La huelga feminista siempre ha reclamado entornos libres de trabajo de violencias. En Facto, hemos pasado de la teoría a la práctica con un proceso de formación y sensibilización colectiva .

Este protocolo no ha sido un trabajo de despacho; ha sido un hito en el que todas las personas trabajadoras y socios se han implicado a fondo con la ayuda de Equilatera. Hemos definido juntas cómo queremos cuidarnos, estableciendo circuitos claros para garantizar que nuestro espacio de trabajo sea, realmente, una zona segura donde la tolerancia cero frente al acoso sea una responsabilidad compartida.

2. Liderazgo feminista: El poder de la voz propia

El 8M también nos recuerda que el mundo se ha construido con demasiada frecuencia sin nuestra voz. Por eso, hemos apostado por la formación en liderazgo feminista , con el apoyo de Liderrak , poniendo el foco en:

  • Hacer valer nuestra voz: Porque tener el 65% de mujeres no sirve de nada si las estructuras de comunicación siguen siendo las de siempre.
  • Límites y prevención de conflictos: Hemos aprendido a marcar líneas rojas ya gestionar las diferencias desde la asertividad, evitando que el desgaste emocional recaiga sobre las de siempre.


Si el feminismo nos enseña a transformarlo todo de forma transversal, en Facto empezamos desde nuestra casa: con protocolos que hacen de nuestros puestos espacios seguros, con políticas de conciliación que cuidan del equipo y con liderazgos feministas que nos marcan el camino.